soneto cero (muy antiguo)
Víscera indolente aguardaba feble
corazón sin poder ver la mañana
urgente en que sentir la liviana
finitud exultante de lo endeble
Mordidas en la calcárea corteza
promesas aturdidas de espanto
nada valen, siniestro encanto,
ante este amor sesgante de maleza
recobrador de lenguas intrépidas
de recuerdos sin cenizas gélidas,
al fin cuerpos de deseos aparecidos
Esta vez el gris enrojece de vernos
vapulear, entibiar fríos inviernos.
Mudar miedos prófugos en estallidos.